¿Los ladrillos caseros siempre parecen endebles? Quizás se deba a que estos tres pasos clave se realizan incorrectamente.
Si fabricas ladrillos con una máquina pequeña y el producto final está suelto, quebradizo y sin resistencia, el problema no suele estar en la máquina en sí, sino en errores en tres aspectos clave: la proporción de materia prima, el método de mezcla y el proceso de curado. Con algunos ajustes, puedes fabricar ladrillos resistentes y duraderos.
Paso 1: Proporción incorrecta de materia prima. Esta es la base de la resistencia. No añadas arena y cemento al azar por intuición. Una fórmula básica fiable es: aproximadamente 7 partes de arena, 2 partes de cemento y 1 parte de grava fina si es necesario. El cemento es el único "pegamento" y la cantidad no debe ser demasiado pequeña, ya que no se adherirá correctamente. Al mismo tiempo, la cantidad de agua es crucial: si se usa muy poca, los materiales no se aglutinarán bien ni se compactarán. Demasiada agua puede deformar el ladrillo en bruto, presentar muchos poros internos y volverse quebradizo al secarse. El nivel de humedad ideal es: se puede comprimir con la mano hasta formar una bola y, al soltarla, se desmenuza naturalmente.
Paso 2: Mezcla desigual. Verter todos los materiales juntos y remover varias veces no es suficiente. El método correcto consiste en mezclar bien la arena seca y el cemento hasta que el color sea uniforme y el polvo de cemento ya no sea visible. Luego, añadir agua gradualmente mientras se remueve, asegurándose de que cada grano de arena esté cubierto de pasta de cemento. Una mezcla desigual creará puntos débiles en el ladrillo donde falta cemento, haciéndolo propenso a romperse bajo presión.
El tercer paso: Curado inadecuado. Los ladrillos no se secan simplemente, sino que requieren curado. Los ladrillos en bruto húmedos recién hechos son muy delicados y no deben exponerse a la luz solar directa ni a corrientes de aire fuertes, ya que esto provocará una pérdida excesiva de humedad superficial y grietas internas. El método correcto es colocar los ladrillos en un lugar fresco y bien ventilado, apilarlos ordenadamente y cubrirlos con sacos de arpillera húmedos o láminas de plástico. Rocíe agua a diario para mantenerlos húmedos, dejando que los ladrillos se sequen al aire lentamente durante al menos 7 días. Este proceso permite que el cemento reaccione con el agua y se endurezca. Omitir el curado reducirá significativamente la resistencia de los ladrillos.
Al revisar y corregir estos tres pasos (mezclar las proporciones correctas, asegurar una mezcla completa y curar con paciencia), seguramente podrá fabricar ladrillos caseros resistentes y confiables. Recuerde: los buenos ladrillos se "alimentan" para crecer, no se "exponen" al sol.
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